Pasar varias horas sentado, de pie o realizando movimientos repetitivos puede favorecer la aparición de rigidez, tensión y fatiga muscular, especialmente en cuello, hombros y espalda.
Las pausas activas ofrecen una forma sencilla de incorporar movimiento durante la jornada. En pocos minutos podemos movilizar articulaciones, cambiar de postura, activar diferentes grupos musculares y descansar temporalmente de las tareas habituales.
Para mantenerlas dinámicas y evitar que se conviertan en una rutina automática, recomendamos renovar los ejercicios aproximadamente cada 3 a 4 meses.